Toda novedad no es sino un olvido.


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Los ríos fluían, y las olas rizaban el mar.  Cada astro seguía la órbita que le había fijado. Pronto maduraría el grano de los campos y empezaría la recolección.  Pero, 'quién había hecho madurar el grano? ¿Cómo podía la espiga surgir de la semilla? ¿Cómo podía el árbol, hoja, rama, fruta, brotar de un hoyo? ¿Cómo podía aparecer el hombre de una gota de semen depositados en el vientre de una mujer? Todo eso eran milagros, maravillas de maravillas. Sí, había muchas preguntas que hacer a Dios; pero, ¿quién era el hombre para comprender los actos de la Divinidad?
Hacia el alba, soñó que se había ocultado en una de las naves de la biblioteca del Clementinum.  Un bibliotecario de gafas negras le preguntó ¿Qué busca? Hládik le replicó: Busco a Dios.  El bibliotecario le dijo: Dios está en una de las letras de una de las páginas de uno de los cuatrocientos mil tomos del Clementinum.  Mis padres y los padres de mis padres han buscado esa letra; yo me he quedado ciego buscándola.
¿Terror?...¿Terror de qué? [...]; terror de la multitud que se mueve ávida en busca de pacer y de oro [...]; terror de sentirme vivir, de pensar que puedo morirme, y en esas horas de rerror, frases estúpidas que me suenan dentro del cerebro cansado: "¿y si hubiera Dios?... Los pobres hombres están solos sobre la tierra". ―José Presunción Silva
Ah, the prayer of the millios, how they fight and destroy each other on their way to the throne of God. —John Steinbeck
Es conveniente que haya dioses, y como lo es, pensemos que los hay. —Ovidio
Por eso suplicamos a Dios que nos libre de Dios, y que concibamos la verdad y gocemos eternamente de ella, allí donde los ángeles supremos, la mosca y el alma son semejantes —Meister Eckhart (Citado por Monterroso)
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso. —Augusto Monterroso
Un Dios que cuenta los minutos y los céntimos, un Dios desesperado, sensual y gruñón como un marrano. Un marrano con alas de oro y que se tira por todos lados, panza arriba, en busca de caricias. Ése es, nuestro Señor. ¡Abracémonos! —Céline