Toda novedad no es sino un olvido.


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El no mataba ningún animal. Sacrificar a un animal de modo que se redimiera su alma era una cosa, y otra era pisar y aplastar a pequeños seres que no pretendían más que le hombre: simplemente comer y multiplicarse.  Al anochecer, cuando los campos eran un hervidero de sapos, Jacob andaba cuidadosamente para no pisarlos.
Los ríos fluían, y las olas rizaban el mar.  Cada astro seguía la órbita que le había fijado. Pronto maduraría el grano de los campos y empezaría la recolección.  Pero, 'quién había hecho madurar el grano? ¿Cómo podía la espiga surgir de la semilla? ¿Cómo podía el árbol, hoja, rama, fruta, brotar de un hoyo? ¿Cómo podía aparecer el hombre de una gota de semen depositados en el vientre de una mujer? Todo eso eran milagros, maravillas de maravillas. Sí, había muchas preguntas que hacer a Dios; pero, ¿quién era el hombre para comprender los actos de la Divinidad?
...la memoria humana es muy avara.  No le gusta dar, pero si se le pide con insistencia, paga a veces más de lo que se le exige.  Si no le daba punto de reposo, acabaría por devolver todo lo que se había depositado en ella.