Toda novedad no es sino un olvido.


Aparece a cada momento en este libro el yo, el odiado yo. Es que bajo ese modesto pronombre se esconde lo único que creo conocer y, sobre todo, lo único que me ha interesado hasta hoy. Yo no me he envanecido formalmente sino cuando descubrí, con el dolor de mi inteligencia y de mi corazón insatisfechos, que todo es vanidad, vanidad de vanidades. ¡Oh, y cómo me llevé las manos a la frente, porque creí que sudaba sangre! Tragedias de gusanos, en resumidas cuentas. —Porfirio Barba-Jacob